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Instituto de Mentoras para el Alma

El principal bloqueo en nuestra vida reside en la lealtad emocional inconsciente que mantenemos hacia mamá

Este es el primer post de muchos que compartiré sobre este tema, así que empezaré por el principio:

Hoy como adultas somos el resultado de todo lo que vivimos en nuestra primera infancia, y de la interpretación que nuestra niña interior le dio a cada una de esas vivencias. Por lo tanto, frente a cualquier reto o dificultad es necesario llevar nuestra mirada a la niña que fuimos, para darle voz a todas sus heridas, miedos y carencias.

En mis mentorías individuales es frecuente que al tocar el tema de sanar con mamá las personas se sientan incómodas o molestas; de hecho yo misma lo viví la primera vez que fui a terapia hace más de 10 años. En el fondo sentimos que aceptar que hay algo por sanar, es una gran traición hacia esa mujer que siempre hizo todo por nosotras. 

El punto es que aunque es cierto que desde su posición hizo lo máximo que podía con las herramientas y el nivel de consciencia que tenía, nosotras como niñas necesitábamos una presencia amorosa, no sólo física, sino emocional, protección y un cuidado materno que le diera voz a cada una de nuestras demandas. Sin embargo, eso no nos sucedió.

Todas nosotras en nuestros primeros años tuvimos muchas vivencias de miedo, soledad, distancia afectiva y obediencia que no podemos recordar. Sólo podemos recordar la realidad tal y como ha sido nombrada por mamá. Sus sacrificios, cómo se sentía, sus angustias, incluso lo que opinaba de nosotras: si éramos tranquilas o lloronas, inteligentes, demandantes o parecidas a papá.

Todos los recuerdos que tenemos de nuestra infancia se basan en las palabras dichas por mamá o por la mujer que nos crio, y si sentiste algún malestar al leer el título de este post es porque sin duda tienes una gran lealtad hacia ella. 

Esta lealtad es una promesa inconsciente que establecimos con ella desde el inicio, basadas en nuestro miedo a ser abandonadas. Fue algo como “Si te quedas conmigo nada malo te puede pasar”, pero lo que en el fondo escondía era: “si me abandonas o buscas tu propia libertad, no te voy a proteger y estarás en peligro”. Y a partir de aquí, cualquier sentimiento de querer pensar o actuar diferente se siente en nuestro interior como una gran traición.

Desde que nacemos, o incluso antes, mamá nombra cómo somos, qué nos pasa o qué deseamos. Todo esto es real para ella porque así se ve desde su punto de vista, sin embargo, para nosotras como niñas, desde nuestras necesidades, tendrá otro significado. Por ejemplo, si lloramos, puede ser simplemente porque necesitamos compañía y sentir a mamá cerca, pero ella interpretará que somos lloronas y caprichosas.

Y es así como todo lo que nos sucedió en nuestra infancia fue nombrado desde la interpretación de lo que le sucedió a otra persona, y es cuando empezamos a desconectarnos de nosotras. Cuando para cada experiencia personal escuchamos y asumimos un calificativo, empezamos a identificarnos con él: “Soy intensa, demandante, difícil de querer”, cuando era probable que esos comportamientos se debieran a una gran necesidad de sentirnos amadas, pero eso nadie lo nombró, y lo que no ha sido nombrado la conciencia no lo recuerda.

Por es tan frecuente que en terapia al preguntar por los recuerdos de la infancia, la respuesta en la mayoría de los casos sea “bien, todo normal.”

Hoy quiero ayudarte a que empieces a hacer consciencia sobre las lealtades que tienes con mamá, así que te invito a que tomes papel y lápiz y escribas:

  • Todos los calificativos que has escuchado de mamá sobre ti, sean empoderantes o no: inteligente, responsable, perezosa, malgeniada, terca, buena hija, etc.
  • Cuáles de esos calificativos has tomado como ciertos, y hoy te reconoces como una mujer así.
  • Todas las cosas que has dejado de ser/hacer en tu vida, porque sabes que mamá no estará de acuerdo, o no cumple con lo que ella de alguna manera espera de ti. 
  • Todas las cosas que sí has hecho buscando en el fondo su aprobación
  • Todas las veces que te has sentido culpable por no ser la mujer/madre/esposa/hija/hermana que deberías ser.
En mis próximos post te hablaré mucho más sobre esto, así que permanece atenta.

Si te gustó esta publicación por favor déjame tu comentarios y compártela con alguien que sepas que se puede beneficiar.

Me despido recordándote que eres completa, perfecta y suficiente. 

Con amor, Moni ❤️

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